Péguy y el jubileo de la esperanza

El 9 de mayo de 2024 el Papa Francisco presidió en el atrio de San Pedro la entrega y lectura de “Spes non confundit”, la bula del Jubileo de 2025. La virtud teologal de la esperanza es el mensaje central que la Iglesia, a través del Romano Pontífice, quiere transmitir a los fieles y al mundo en un nuevo año jubilar.

En el texto se propone ofrecer signos de esperanza a quienes más lo necesitan: las víctimas de la guerra, las familias, los presos y los enfermos, los jóvenes, los migrantes y los refugiados, los ancianos y los pobres.

Al hablar de atrios, puertas y de esperanza, es inevitable pensar en Charles Péguy. El escritor francés publicó en 1911 un poemario titulado “Pórtico del misterio de la segunda virtud”, donde se atrevió a escribir lo siguiente: “La esperanza, dice Dios, sí que me sorprende. A mí mismo. Sí que es sorprendente. Que esos pobres niños vean cómo pasa todo esto y crean que mañana irá mejor. (…) Sí que es sorprendente y seguro la más grande maravilla de nuestra gracia”.

Charles Péguy perdió la vida tres años después de publicar su poemario, en septiembre de 1914, al comienzo de la batalla del Marne. Cuando el Papa abra la puerta santa de la Basílica Vaticana el 24 de diciembre, la situación del mundo no será muy diversa a la que se daba en los albores de la Gran Guerra: contiendas cercanas o lejanas, jóvenes desorientados ansiando una causa que dé sentido a su insatisfacción, migrantes y refugiados perdiendo la vida en travesías frustradas, personas vulneradas en sus derechos fundamentales…

Converso al catolicismo, tras haber sido un destacado exponente del socialismo en su país, Péguy decía de sí mismo que era un “cristiano sin iglesia”, pues su mujer no aceptó su fe ni el matrimonio canónico. Sin embargo, unos años después de la muerte del poeta, ella y sus hijos se bautizaron. Me gusta pensar en Péguy como en un apóstol de la esperanza para este jubileo.

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