Este muerto está muy vivo

La revista británica The Economist publicó el 13 de febrero un artículo titulado: ¿Cómo se equivocó tanto la Iglesia católica?. Se trata de la reseña del libro Jesus wept (Jesús lloró), de Philip Shenon. A lo largo de 480 páginas, el antiguo periodista de The New York Times ofrece una exhaustiva investigación sobre los errores cometidos por la institución a partir de los últimos siete Papas. La conclusión es taxativa: o la Iglesia católica se «abre» a las propuestas de la modernidad o pronto será un cadáver -como el de Pío XII- hediondo.

Entonces ocurrió algo sorprendente. El 21 de abril, Lunes de Pascua, el Papa Francisco marchó -con lenguaje eclesial y poético- a la casa del Padre. Unas 250.000 personas visitaron a lo largo de tres días su capilla ardiente y otras 250.000 -las mismas u otras- asistieron a su funeral el sábado 26 en la Plaza de San Pedro.

Unos días más tarde tuvo lugar el cóncla-ve, es decir, la reunión de 133 cardenales de entre 45 y 80 años que, venidos de 71 países, se encerraron en la Capilla Sixtina con la misión de dar a la Iglesia un nuevo Papa. Tras dos días, a la cuarta votación, encontraron al candidato idóneo para pastorear a 1.400 millones de católicos: Robert Francis Prevost, que eligió el nombre de León XIV.

Es un hecho constatado que la Iglesia católica pierde influencia y adeptos por días, pero, al parecer, no pierde interés. Unos 5.000 periodistas se han acreditado en la sala de prensa de la Santa Sede en el último mes para cubrir la muerte de Francisco y la elección de su sucesor. Por otro lado, las búsquedas de «cómo hacerse católico» aumentaron en todo el mundo un 373 % entre el 20 y el 26 de abril, según el análisis de datos de Google Trends.

Quizá el señor Shenon debería considerar si su libro no ha envejecido demasiado pronto.

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